lunes, 19 de agosto de 2013

"Pannacotta" de naranja y zanahoria (sin gluten ni lácteos)

Vuelta de las vacaciones y con un Agosto sahariano que no invita a entrar en la cocina salvo para repostar agua y meter la cabeza en el congelador.
El menú, con pocas variaciones. Del gazpacho a la sandía y de ahí al picadillo y vuelta al melón. Apetecen muuuucho los helados, pero la intolerancia a la lactosa nos deja de sufrientes mirones.

Así que para quitarme "el pío" y no saltar como león hambriento sobre cucurucho de niño despistado a riesgo de ser condenado a galeras por padres airados, me contento con un rico híbrido entre yogur y helado, tan fácil de hacer como gustoso a todos los paladares, que sólo requiere de leche, gelatina y frío.
Yo lo hago con leche de arroz y agar agar y le añado el sabor que más me apetece, pero quien no tenga problemas de intolerancias puede hacerlo igual con leche, yogur, nata o queso de untar. Sólo tendrá que variar la proporción de gelificante: el agar agar o láminas de gelatina.

Y como estamos en alerta naranja por calor, nos conjuntamos con Sevilla.

¡Sólo tienes que meter la cuchara y dejar que se te funda en la boca!


¿A que apetece?

Ingredientes (4 copas):
  • el zumo de 2 naranjas
  • el zumo de 2 zanahorias (entre ambos, unos 300 ml de líquido) 
  • 300 ml de leche de arroz
  • 3gr de agar agar en polvo

Elaboración

  1. Hacer el zumo de naranja y licuar las zanahorias raspadas (si quieres ir más rápido, también puedes usar zumos envasados. Menos natural, más azúcar, pero para un apuro, valen). Yo no le he puesto azúcar porque la leche de arroz ya es dulzona y no soy de empalagos, pero si os decidís por una fruta ácida como fresas o limón, azucarar al gusto).
  2. Poner la leche en un cazo y echar el agar agar en polvo. Remover hasta que se diluya. Llevar a ebullición y dejar cocer un 1minuto. Dejar enfriar un poco.
  3. Incorporar los zumos y verter en vasos o copas de postre. Enfriar  antes de meter en nevera un mínimo 4 horas (mejor toda la noche).

Nota sobre el agar agar

Es un gelificante de origen natural, procedente de un alga marina llamada así, y que se presenta bien en polvo (más cómodo y aconsejable de usar) o bien en filamentos de la propia alga secada.


Tiene los mismos usos que la gelatina tradicional (mousses, gelatinas, pannacotas, helados), pero con las ventajas de que no proviene del cerdo (genial si se es vegetariano o intolerante a proteínas animales) y gelifica 10 veces más rápido y con menos cantidad.
Dependiendo de la textura que queramos darle al postre (desde muy dura a cremosa) sólo hay que seguir las instrucciones del fabricante en el envase para dar con la proporción adecuada de líquido/gr de agar agar. Y seguir al pie de la letra, porque esto fragua más que el cemento.
Si queréis saber más sobre las propiedades de esta joya, pinchar aquí
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