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Tortillitas de bacalao

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¡Me chiflan las tortillitas de bacalao! No concibo la Semana Santa sin ellas, tanto o más que sin torrijas o pestiños. Para mi están íntimamente asociadas a la niñez y a aquellas semanas santas en casa de mi abuelo, que era el que nos las hacía, a abandonar el uniforme durante una semana para sentirte como una princesa con vestido y zapatos tan bonitos que te empujaban a caminar como ingrávida para que ningún roce pudiera estropearlos; procesiones en las sillas de La Campana, competir con otros niños por la bola de cera más gorda o salvar el primer miedo de la paradoja que es pedir caramelos a alguien que lleva oculto el rostro tras un severo antifaz y que no habla; aprender que había que estar calladitos por respeto cuando pasaban nazarenos de negro y que con los de colores podíamos seguir jugando. Este es el tradicional escaparate de la confitería La Campana en Semana Santa, donde siempre exponen pasos realizados a escala junto a nazareni...

Pudín de limón para tarde lluviosa

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Quería inaugurar este blog con una receta fácil, resultona y rica, sin problemas de adaptación al mundo sin gluten ni leche. Y como llevamos una temporadita de agua constante, pensé en un pudín. ¿Hay algo más inglés que la lluvia y el pudín? Este es para los amantes del limón, dado su intenso sabor, aunque nada ácido, dada la cantidad de azúcar que lleva. Se prepara en un momento y la única "dificultad" es el punto de cocción. El resultado es espectacular, teniendo en cuenta su sencillez y, creedme, seguro que no os sobra, porque dan ganas de repetir y tripitir. Así es como deben quedar ambas partes. Es una delicia encontrarse en la cuchara las dos texturas, el bizcochito y la natilla, y que se te fundan en la boca. Ingredientes (4 raciones ) 75 g mantequilla vegetal  150 g azúcar  La cáscara rallada de 2 limones más el zumo de 1 limón (no tratados o ecológicos)* 3 huevos, con claras y yemas separadas 50 g de harina Mix C de Schär (r...

Bienvenidos a la cocina del Loro

Me encanta cocinar, probar ingredientes y sabores diferentes, de todas las culturas. Pero llega un día en el que te hacen socio de un club en el que no solicitaste el ingreso, el de las intolerancias alimentarias. La carne, el queso, el tomate (por citar algunos) emigran y se te queda la nevera de Cuaresma. ¿Y ahora qué haces? Tras el primer "bajón", la pasión por los fogones y el rechazo a la rutina en la comida hacen que tu cerebro se ponga en marcha y empiece a ingeniar adaptaciones de recetas habituales, a sacar el máximo partido a los pocos ingredientes que quedan y, como una tiene alma aventurera y le gusta navegar por mares desconocidos, se lanza a surcar la web. ¡Y resulta que es La isla del tesoro! Porque se encuentran sustitutos a los productos que se pasaron al enemigo, ideas sorprendentes, y sobre todo, gente que también vive esta realidad y que comparte sus experiencias para abrir nuevas rutas a esto de "comer sin". Me uno a esa tripulació...

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